Admitámoslo: la vida no es simple, porque a pesar de saber perfectamente lo que deberíamos hacer, no lo hacemos. De vez en cuando nos damos cuenta de que hemos sacrificado la familia, nuestro crecimiento personal y nuestras pasiones, y por lo tanto decidimos darnos nuevas reglas, pero en pocas semanas perdemos la motivación y nos encontramos sobrecargados de nuevo.
Gran parte de las dificultades depende de cómo está organizada nuestra mente: nos ilusionamos pensando que tenemos solo un cerebro, mientras que en realidad tenemos dos, y la mayoría del tiempo se disputan por el poder de control basándose en prioridades diferentes. El primero es nuestro cerebro racional, evolucionado y moderno, que intenta gestionar una agenda llena de obligaciones. El segundo es el cerebro reactivo, primitivo e instintivo, programado para reaccionar inmediatamente a los impulsos que lo solicitan: lo único que le interesa es el placer producido por la satisfacción de estos impulsos.
Normalmente, es este último el que gana la batalla: pensemos, por ejemplo, a cuando estamos haciendo una dieta y luego nos comemos un gran trozo de pastel de chocolate… La única manera para ayudar al cerebro racional es la planificación. En este caso específico, la técnica para estar a dieta es no tener chocolate y otras tentaciones en casa.