Si bien hay muchos libros de administración que explican cómo gestionar a otras personas, El ejecutivo eficaz es un clásico del sector escrito por Peter Drucker en 1966, en el cual se explica cómo debe administrarse a sí mismo un ejecutivo. Si un gerente puede llegar a ser efectivo, entonces hay muchas posibilidades de que también los empleados bajo su mando lo hagan. Drucker afirmaba que la mejor forma de llevar a la práctica la gestión es con ejemplos, más que con palabras. Él define la eficacia como el arte de "hacer las cosas que importan", en referencia a las acciones adecuadas que se deben llevar a cabo para garantizar que el personal rinda al máximo.
Aceptar estar a cargo de otras personas en el trabajo significa que, ante todo, tendremos que asumir la responsabilidad de los resultados del grupo. Cuando estamos a cargo de un equipo, no hay lugar para excusas del tipo: "Lo siento, fue culpa de mi empleado que cometió un error". Hemos sido designados gerentes precisamente porque seremos nosotros los que, a partir de ahora, tendremos que encontrar la forma de hacer que las cosas funcionen. E incluso si uno de nuestros empleados comete un error, culparlo tampoco nos ayudará, de hecho, sería contraproducente, porque es una actitud que nos quita el control de la situación a nivel psicológico y deja el camino libre a la incertidumbre.
Como gerentes, ciertamente tenemos una manera de hacer que las cosas funcionen, y para ello debemos ponernos en un estado proactivo. Si uno de nuestros subordinados comete un error, un estado mental mejor sería hacerle algunas preguntas. ¿Por qué pasó lo que pasó? ¿Cómo puedo evitar que esto ocurra en el futuro? ¿Qué procedimientos podría implementar para mejorar los procesos? Y por último, pero no menos importante: ¿en qué me equivoqué? ¿Puedo mejorar, yo en primer lugar, algún aspecto que afecte al rendimiento del equipo? Solo para dar un ejemplo, podríamos usar un registro diferente para comunicarnos con algunas personas y tratar de hablar "su idioma" para hacernos entender.
Por ello, Drucker explicaba cómo gestionarnos mejor a nosotros mismos para ser eficaces y dominar el arte de "hacer las cosas que importan". El autor sostenía que la efectividad se deriva de algunas prácticas que cualquiera podría aprender y que no son prerrogativa exclusiva del talento o del carisma innato.