Ambos autores actualmente están casados, y saben bien lo que sucede cuando un amor se termina, ya que ambos provienen de matrimonios fallidos. Su experiencia personal y sus conocimientos del ámbito de la psicología de las relaciones los llevaron a crear la Terapia Imago, en la cual se basa la terapia de pareja que miles de terapeutas proponen en todo el mundo.
De acuerdo con uno de los conceptos sobre los que se basa la Terapia Imago, las causas primordiales de la falta de felicidad de las parejas se ocultan bajo la superficie. A menudo discutimos sobre cuestiones relacionadas con el dinero, los hijos o las vacaciones, pero no llegamos a darnos cuenta de que en el fondo hay un deseo que todos compartimos: encontrar en nuestra pareja a la persona que pueda satisfacer nuestras necesidades emocionales que no fueron satisfechas en la infancia, para volver a sentir esa sensación de vitalidad y conexión con la que llegamos al mundo.
La mayoría de las veces, no nos damos cuenta de que nuestro inconsciente controla nuestros comportamientos conscientes. Veamos el ejemplo de un hombre que tuvo un día difícil, pero satisfactorio en el trabajo, y que quiere volver a casa para poder contarle todo a su esposa. El problema es que, cuando llegue a casa, su esposa todavía estará en el trabajo, por lo que la encontrará vacía, y cuando ella regrese la tratará con frialdad y de manera distante. Solo después de unos días se preguntará la razón de su propio comportamiento. ¿Por qué se desquitó con su esposa, que no hizo nada malo? Quizás, la ausencia de esta desencadenó el mismo sentimiento primordial de abandono que sentía cuando era niño, cuando volvía a su casa siempre vacía porque sus padres estaban en el trabajo.
Algunas situaciones que vivimos en la infancia generan un trauma real, el cual hace que se creen conexiones entre nuestras células nerviosas. Cada vez que vivimos una situación detonante en la edad adulta volvemos a recorrer estas conexiones y el dolor asociado las mismas. No importa si sufrimos traumas reales, como abusos o una gran pérdida, o si tuvimos una infancia feliz pero, por ejemplo, nuestros padres estaban muy ocupados. De todos modos tendremos cicatrices invisibles. Esto le sucede prácticamente a todo el mundo, porque los padres perfectos no existen.
Sin embargo, la Terapia Imago puede ayudar a minimizar el impacto de nuestro pasado y ayudarnos a crear nuevas conexiones neuronales cada vez que vivamos una experiencia positiva. Esto requiere de tiempo y trabajo, pero al final las viejas conexiones dolorosas podrán ser reemplazadas por las nuevas. En ese momento, cuando el pasado ya no es tan intrusivo, nos volvemos capaces de responder más apropiadamente a los estímulos de nuestra relación afectiva.