La ecuación debería ser simple: hacemos nuestro trabajo y cuando este aumenta y termina siendo demasiado para una sola persona, contratamos a alguien para que nos ayude a seguir con el crecimiento de la empresa. Aún así, es común que los fundadores de una compañía estén insatisfechos con sus colaboradores: los que deciden pagar a alguien con la idea de que realice una determinada tarea de la misma manera que lo harían ellos si tuvieran tiempo, pueden estar seguros de que se llevarán una decepción.
Tomemos el caso de la autora, Angela Lauria: no se avergüenza de su Síndrome de Asperger, sino al contrario, destaca sus lados positivos, como la capacidad para concentrarse en un único sujeto sin distraerse, recordar y elaborar los detalles más pequeños sin perderse o agobiarse; tomar decisiones lógicas y racionales; ser capaz de establecer conexiones improbables entre diferentes disciplinas y, por último, reconocer y decir la verdad sin que ello represente un problema. Pero, por otro lado, debe convivir con la ansiedad de no saber cómo relacionarse con los demás y no entender la comunicación no verbal. Estas últimas características son fundamentales para el trabajo en equipo y, por lo tanto, para el desarrollo de una empresa. Por este motivo, se vio en la necesidad de contratar a personas calificadas para hacer las tareas que ella no puede llevar a cabo.
Tuvo que asegurarse de que fueran personas que estuvieran en consonancia con sus ideas y dotadas con su misma motivación, dado que el futuro de la empresa estaba en sus manos. Así que, se puso en marcha para aprender a construir un equipo de trabajo. Antes de los clientes, debemos dar importancia a los colaboradores: ¡la empresa está allí para concederles sus deseos!
La era de la fuerza física y el dominio ha llegado a su final. A nivel cultural ya no nos conformamos con la jerarquía: el hecho de que sea “el jefe" quien dice lo que debemos hacer ya no es motivo suficiente para hacerlo. El primer paso es crear nuestra propia marca: no importa cuán concentrados estemos en los resultados, todos los gráficos tienen su valor. ¡El logo tiene que ser tan bonito que los empleados tengan ganas de tatuárselo! La comunicación es fundamental, pero también es increíblemente difícil organizarla y gestionarla. Debemos tratar a nuestro equipo como tratamos a nuestros clientes... ¡Incluso mejor! Para obtener lo que queremos no es suficiente contratar a personas inteligentes y decirles lo que deben hacer, porque los seres humanos no son máquinas y no podemos ignorar sus emociones.
La procrastinación, la pereza y la desorganización son solo la manifestación del deseo de hacer algo más. Para hacer que nuestros empleados no aplacen sus obligaciones, debemos darles algo más que una lista de tareas pendientes: debemos incluirlos en una visión que vaya más allá de la compañía y que logre alcanzar una comunidad, el país o incluso el mundo entero.