Una vida extraordinaria y fundada en la excelencia como la de Tiger Woods difícilmente empieza a una edad avanzada, y de hecho, en su caso tuvo inicio incluso antes de su nacimiento. Hijo único de Earl Woods, oficial del ejército de los Estados Unidos, en segundas nupcias, y de la tailandesa Kultida Punsawad, Eldrick Tont Woods estuvo destinado a la carrera profesional en el mundo del golf incluso antes de tener su primer pensamiento. De hecho, en los meses anteriores a su nacimiento, el padre empezó a apasionarse por este deporte de manera obsesiva, entrenando constantemente, y por ello decidió educar a su hijo para ser un campeón.
Cuando nació, los padres de Tiger mantuvieron este deseo: desde sus primeros meses de vida, el recién nacido estuvo expuesto al golf, comiendo y pasando tiempo con sus padres mientras el padre golpeaba la pelota en el sótano de su casa. Esto trajo resultados increíbles: a los once meses, cuando los demás niños empiezan a mantenerse en pie, Tiger ya podía utilizar un pequeño palo de golf personalizado para golpear la pelota. A los dieciocho meses empezó a ir al campo de golf, acompañando a su padre y experimentó sus primeros tiros.
Según los expertos, esta inmersión en el ambiente deportivo desde sus primeros días de edad es lo que marcó la diferencia durante la vida y la carrera de Tiger Woods: por un lado su mente enseguida relacionó el golf con los momentos agradables y significativos que pasaba junto a sus padres, haciendo que por reflejo el golf fuera una actividad placentera; por otro lado, le impusieron reglas rígidas y altas expectativas desde los primeros meses, privándolo de la libertad de elección y de alguna manera también de su personalidad e individualidad. Este dualismo es un factor muy común en la historia de los niños prodigio, cuyos padres les impulsan fuertemente hacia una carrera predefinida: muchos, como Tiger, se vuelven perfeccionistas y alcanzan la excelencia para no decepcionar a los padres, pero acaban teniendo grandes problemas en su vida personal a causa de la falta de autodeterminación y libertad. Además, en el caso de Tiger también se puede hablar de la imposición de una identidad a través de su nombre: Tiger no es el verdadero nombre de Woods, ya que en el registro civil es Eldrick. Sin embargo, en honor a un compañero soldado del ejército que Earl Woods apreciaba mucho, decidió con el acuerdo de Kultida llamar a su hijo únicamente con el apodo Tiger.
Fue así que lo presentaron en los programas de televisión a los que le hicieron participar a partir de los dos años de edad: en los videos que aún están disponibles en la web, es posible ver a un pequeño Tiger Woods que demuestra sus grandes habilidades ya desde una edad preescolar con su minúsculo palo de golf personalizado del que casi nunca se separaba. Además del ambiente televisivo, los padres de Tiger enseguida contactaron a periodistas de los medios impresos y patrocinadores. Como no venía de una familia acomodada, los patrocinadores eran fundamentales, y como consecuencia también las apariciones en televisión y los artículos en los periódicos que ayudaron al crecimiento de la fama del pequeño Tiger.
En este aspecto, Earl Woods también utilizó el significado social que la presencia de Tiger en el campo de golf podría tener si su carrera despegaba: en los Estados Unidos de los años 70 y 80 las personas de color tenían prohibido el acceso a los clubs de golf. Tiger, proveniente de una familia de etnia mixta pero desde siempre considerado afroamericano, podía cambiar estas leyes, haciéndose portavoz de un nuevo mensaje social de inclusión y en contra del racismo de la sociedad de los jugadores de golf blancos acomodados. Este punto clave fue uno de los caballos de batalla de Earl y para ello tuvo que conseguir muchos contactos en el mundo del periodismo deportivo.
Los años pasaban y en el campo de golf Tiger se convertía cada vez más claramente en un campeón de la hierba, pero en su esfera personal empezaron algunos problemas relacionales y de socialización que nunca lo han abandonado: reservado por naturaleza, a causa de las obligaciones deportivas Tiger no tenía tiempo para estar con otros niños ni para jugar a los deportes más comunes en la escuela. Esto le dificultó tener amigos, relacionarse de manera normal con sus pares y le provocó muchas inseguridades. Los profesores intentaron varias veces explicar estos problemas a los padres de Tiger, pero ellos nunca cambiaron el estilo de vida de su hijo: sabían lo que era importante para Tiger, es decir concentrarse sin distracciones en el golf.