Si miramos a nuestro alrededor, es fácil ver personas exitosas. Líderes y empresarios que han conseguido objetivos extraordinarios, logros que nos podrían parecer inalcanzables. Cada uno de nosotros, a su manera, aspira a hacer algo grande, pero a menudo nos dejamos agobiar por el tamaño de la empresa. O más bien, por la percepción que tenemos de sus dimensiones.
Sin embargo, si nos detenemos a ver solo los objetivos alcanzados, estamos ignorando una parte fundamental del camino que todos debemos seguir. Perseguir un objetivo aparentemente pequeño es absolutamente lo mismo que perseguir uno grande. La única diferencia real entre los dos son las consecuencias que tendrá alcanzarlo, no solo para nosotros, sino para todas las personas involucradas, incluso de forma marginal.
Un objetivo importante puede ser un punto de inflexión en nuestra vida o carrera, y alcanzarlo puede convertirse en uno de esos momentos que define quiénes somos. Razón por la cual es importante elegir objetivos que merezcan realmente toda nuestra energía y toda nuestra atención.